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Martín estaba sudando. El sol de mediodía ardía en todo su cuerpo. Su cara roja por el sol, destellaba gotas sudorosas. Cavaba y cavaba con más fuerza. Su pala de metal de tanto en cuanto emitía un chirrido insoportable que taladraba cualquier oído.

Agitado y agotado, Martín no se detenía. El hueco negro era cada vez más profundo. A un costado una gigante montaña de tierra negra y húmeda, fruto de ese pozo oscuro. De repente en lo negro del pozo, un destello que brilla. ¡Desesperación! ¡Alegría! ¡Ansiedad! El corazón de Martín late a 200 pulsaciones por minuto, cava y cava desesperado. Grita con toda su alma: – ¡¡Lo encontreeee!!!

– ¡Martín! Levántate que tenes que ir a trabajar…. Lo sacude su esposa y Martín se despierta del sueño mas lindo de su vida. No podía creerlo, no era verdad el descubrimiento, era solo un sueño…
Se toca su cara, e interiormente se dice: ¿Qué pasó? ¿En dónde estoy? Había soñado que desenterraba un tesoro… no puedo creer… no es verdad…

Si, es cierto los lingotes de oro que vio eran parte de un sueño.

Este tema lo tenía mal hace varios días. Martín investigaba y leía historias y leyendas sobre el descubrimiento de lingotes de oro y joyas enterradas. La obsesión fue tal que terminó soñándolo.

Tal vez, lo que le sucedía a Martín, te haya pasado a vos… ¿Quién no habrá soñado, algún vez, con encontrar un tesoro (o tapado) enterrado en el jardín de casa?.

Las historias y leyendas de tapados descubiertos por mero accidente abundan en el imaginario colectivo. De estas historias, muy pocas son ciertas, la mayoría son parte de la mitología.

Es que, para muchos la sola idea de desenterrar un tesoro oculto en el fondo del patio, o encubierto en una viga, suena como un cuento de hadas de los hermanos Grimm, aun así, todavía están quienes guardan una vana esperanza de hallar ese famoso y tan codiciado tapado con lingotes, monedas de oro, joyas atestadas de iluminados rubíes, esmeraldas y anillos con diamantes preciosos que la bisabuela ha contado un día que se pudo haber ocultado por ahí…

Sin embargo, existen unos poquísimos bendecidos que han tenido la ventura de toparse de manera accidental con un arcón repleto de monedas de oro de los españoles y correr exultantes y codiciosos porque han pasado al estrato de los ricos.

EL CURIOSO CASO DE LOS OBREROS FRANCESES

Esto ocurrió en el año 2001 al noroeste de Francia.

En una casa de campo, decidieron hacer obras de remodelación para lo que convinieron con los servicios de una empresa de construcción, quien destinó tres obreros para la realización de las encomendadas tareas.

Resulta que en los trabajos de nivelación de terreno los afortunados operarios hallaron ocultos en frascos de vidrio una bolsa con 16 lingotes de oro de un kilo cada uno y recipientes con 600 monedas de oro de veinte dólares estadounidenses de los años 1920 a 1924.

La cuestión es que no comunicaron a persona ni autoridad alguna el inmenso hallazgo, sino que lo mantuvieron secreto hasta que vendieron las monedas y los lingotes de oro a una casa de numismática por un monto que superó el millón de dólares, lo que conllevó, a que parte del dinero sea invertido en lujosos vehículos automotores.

No obstante, cayeron en la trampa o como se dice en criollo “pisaron el palito” cuando depositaron cheques por doscientos setenta mil euros y treinta mil euros, dichos montos despertaron alarma a las autoridades bancarias por la excesiva suma depositada, teniendo en cuenta que se trata de meros asalariados.
La sospecha fue tal, que se hizo una denuncia por operación bancaria sospechosa y posteriormente los obreros afortunados fueron interrogados por la Gendarmería y un grupo de intervención de la Región de Normandía.

Ante esta situación los trabajadores confesaron abiertamente el hallazgo del tesoro y su ulterior enajenación. Empero, los prósperos operarios, fueron denunciados ante las autoridades judiciales francesas.
Tal vez, asombrados por esta historia nos podemos preguntar: ¿Qué es lo que hicieron incorrectamente los obreros para que tengan responsabilidad penal de acuerdo al régimen jurídico francés? Su mal obrar estuvo en no denunciar el hallazgo a autoridad alguna, ya que si lo hacían tenían derecho a la mitad del tesoro. El régimen francés en cuanto a los tesoros es muy similar al nuestro, y concede la mitad del mismo a quien lo halló en terreno ajeno.

Y EN ARGENTINA ¿CÓMO ES EL RÉGIMEN DE TESOROS?

Con buen tino nuestro código resume toda la regulación de los tesoros en cuatro artículos que van del Art. 1951 hasta el 1954.

Podemos decir que, para la ley argentina, es tesoro una cosa mueble, es decir joyas, lingotes, monedas de oro, oculta en otra cosa mueble como por ejemplo un baúl, un ropero antiguo o, como en la mayoría de los casos, inserto en un inmueble como una finca, estancia, terreno, lote, etc. Además, para que el tesoro cuadre en la definición de nuestro código debe ser de “valor”. De nada sirve desenterrar un baúl con monedas de lata, eso jamás será considerado tesoro.

Entonces, no solo debe tratarse de una cosa mueble, de valor sino que también debe de ser sin dueño conocido. Esto es, que el tesoro tiene dueño pero NO es conocido. No es una cosa abandonada, porque no es susceptible de apropiación ni tampoco es una cosa perdida.
Oculto. El tesoro para que sea “legalmente” un tesoro, debe estar también oculto. Ya que si encontramos un billete de quinientos euros o pesos en la vereda debe considerarse como cosa perdida. Por lo general, ocurre que los tesoros se encuentran enterrados, pero con la locución oculto no solo se abarca la posibilidad de que este enterrado sino también el hecho de que pueda estar escondido en algún lugar.

¿QUIÉN ES EL DUEÑO DEL TESORO?.-

La ley argentina, al respecto, plantea distintos supuestos según el hallador sea dueño de la cosa o lo sea parcialmente o no lo sea…

El Art. 1953 del Código Civil es claro y dice que quien encuentra un tesoro en una cosa propia, el tesoro le pertenece en su totalidad. Para entenderlo más pongamos un ejemplo: “El dueño de un inmueble un día cavando en su propio terreno descubre un tapado de joyas y monedas de oro. Ese tesoro le corresponde en un 100%”.

Sin embargo, nos preguntamos qué ocurre cuando en ese mismo terreno, en el cual se hallaba el tesoro, estaba en condominio cuya titularidad la ejercían dos personas. Nuestro código responde a este interrogante legal en el mismo Art. 1953 estableciendo que, si la cosa es parcialmente propia, al descubridor le corresponde la mitad como descubridor y sobre la otra mitad la proporción que tiene en la titularidad sobre la cosa.
Supongamos que el derecho de cada condómino es un 50% sobre el terreno en donde se encontraba el tesoro, entonces al descubridor condómino le corresponderá un 75% (50% por ser el descubridor más 25 % por ser condómino.)

Si el tesoro es descubierto en una cosa ajena, la solución del Código es otorgar una mitad al descubridor y la otra mitad del tesoro al dueño de la cosa donde se lo encontró, pero el descubrimiento debe ser de manera casual. Para ser más claros, si Martín descubre un tesoro en casa de Juan, a Martín le corresponde un 50% y a Juan un 50% de lo encontrado.

Todos en algún momento de nuestras vidas soñamos con encontrar un tesoro…. Martín también, y su decepción fue muy grande cuando despertó y supo que todo fue un delirio nocturno. Sin embargo, no olvidemos que hubo algunos, unos pocos, que gritaron al cielo de felicidad al ver el tesoro que descubrieron.