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Si Juan hubiera elaborado un contrato no hubiera perdido 10 mil dólares…

Una de las ideas erróneas pero más comunes que tienen las personas sobre la implementación de contratos en sus negocios es que es demasiado costoso. Dicen cosas como: “¡Nunca podría permitirme que redactes mis contratos!” o “Me gustaría poder contratar a un abogado; pero implica demasiado dinero”. Escucha, lo entiendo, no es barato! El trabajo que hacemos para nuestros clientes es detallado, minucioso y MUY completo, porque no perdemos el tiempo cuando se trata de proteger los activos de nuestros clientes. ⠀

La razón por la que esto es un error tan grande es que si pensamos que cuesta mucho contratar a un abogado, piense cuánto le está costando ahora SIN tener contratos sólidos en su negocio. Piense en los clientes que te han “bicicleteado” con tus pagos, cuando solo habías acordado de palabra. Piense en el tiempo (¡lo que equivale a dinero!) que ha desperdiciado yendo y viniendo con clientes que no se “presentan” pero luego esperan un reembolso. ⠀

Necesitas asegurarte de que si las cosas no salen según lo planeado, tienes un contrato con herramientas y armas que te respaldan. ⠀

Y mientras estamos en el tema, permítanme decir esto: no contratar a un abogado porque es “carísimo” NO es una excusa válida… porque ofrecemos un servicio de redacción y revisión de contratos muy personalizado para brindarte la protección que necesitas. ⠀

Por eso ahora quiero contarte el caso de Juan. Él tiene un emprendimiento de cerveza artesanal con mucho potencial, su negocio crece mes a mes ya que el consumo de la cerveza que elabora aumenta cada vez más. Juan invirtió en todo menos en lo legal y ahora lo está pagando. No escatimó dinero a la hora de invertir en su fábrica, en el nombre comercial y en marketing.

Como la parte legal no le interesa en absoluto, su inversión fue de 0,00 pesos, sin embargo jamás pensó, es más, ni siquiera se le cruzó por la cabeza que su proveedor de botellas se declarara en quiebra. 35 días antes de que le enviara un container de botellas, Juan entregó mediante sobre cerrado a Luis (su proveedor) una suma de dinero de aproximadamente 10.000 dólares, pero el container nunca llegó y un día leyendo el diario se da con la triste noticia de que Luis estaba quebrado.

Desesperado Juan llama a un abogado para que le explique cómo proceder. Lo primero que le exige el abogado es que le entregue toda la documentación para hacer valer el crédito de 10 mil dólares al síndico encargado de liquidar y pagar los créditos de la quiebra. Con mucha angustia Juan le confiesa que nunca hubo contrato escrito, no hay facturas, ni recibos, ni hay registro bancario porque todo fue “verbal” y de manera informal.

– No hay nada que se pueda hacer por el momento, respondió el abogado. No tenemos ahora documentación para probar el crédito ni medios probatorios fáciles ya que todo fue verbal y no hubo nada escrito.  

A todo esto.. Luis no atiende más el teléfono.

Con esta pérdida muy dolorosa para su negocio, ya que 10 mil dólares es una suma muy importante de su presupuesto, Juan ahora toma conciencia del grave error cometido. Con dolor de cabeza por la tensión de la situación y con una angustia muy grande porque su negocio ahora tiene problemas financieros se arrepiente enormemente de su terquedad y de no haber escuchado los consejos de su amigo abogado.

Muchas veces, no queremos contratar los servicios de un abogado porque consideramos que son muy caros, si, puede ser, y en muchos casos es cierto pero nuestro error es no poner en la balanza el costo de los honorarios del abogado y el costo de una mala jugada de nuestro proveedor o cliente que en la gran mayoría de los casos una mala jugada implica un costo económico muchísimo mayor que lo que exige un abogado.

La gravedad no es simplemente una idea recomendable, es una ley.

Isaac Newton no descubrió la existencia de la gravedad. Su contribución fue elaborar las leyes que describen sus efectos. La gravedad siempre estuvo, está, y va a estar ahí. No importa si nosotros elaboramos una serie de pomposas fórmulas matemáticas para describirla.

El hecho de que esté ahí, de que sea real hace, por ejemplo, que no se nos ocurra saltar de un edificio a otro pensando que quizá, esta ley falle y por esta vez no nos caigamos violentamente al piso. También, hace que si estamos construyendo un balcón no pase por nuestra cabeza no fabricarle barandas, pensando que “tal vez no nos alcance la gravedad” al momento de asomarnos.

Otra ley muy interesante es la ley de Ohm de la electricidad, que permite calcular la intensidad de corriente eléctrica. Desde que la electricidad empezó a ser utilizada en la vida diaria, tuvimos que empezar a ser conscientes de respetar sus leyes. Nuestros cuerpos son buenos conductores de la electricidad. Entonces comenzaron a elaborarse normas para evitar accidentes.

Desgraciadamente, primero tienen que ocurrir accidentes para después comprobar cómo evitarlos. Las normas de seguridad que hoy existen, están vigentes, porque hace décadas, o siglos, la gente fue experimentando problemas y resolviendo.

Hagamos una analogía con el emprendimiento…

En la actualidad, afortunadamente, hay un fuerte auge del emprendimiento, más aún en el caso de Juan con su elaboración artesanal de cerveza. No existe una “ley natural del inicio de un negocio”. No es visible como la gravedad, ni peligroso para las personas como la electricidad. Aún así las leyes civiles y comerciales están y deben ser cumplidas.

Pero hay patrones.  Los patrones se repiten una y otra vez. Observarlos ayuda a predecir situaciones similares. Hacemos futurismo cuando somos previsores y nos respaldemos legalmente, es una forma certera de evitar futuros conflictos.

El negocio de Juan comenzó con una idea, ¡con un sueño!. Acordó “de palabra” con un amigo para que le provea mes a mes de botellas, todo fue de forma informal, sin tener respaldo legal alguno. Pero las probabilidades de que fracase son altas. Hoy Juan perdió 10 mil dólares por su actuar informal.

Es muy común ver a dos amigos que se asocian para emprender. Acuerdan todo de palabra.  Comienzan bien, pero con el tiempo, su relación empeora.  Empiezan ciertos roces.  Pasan de cenar juntos cada semana a no hacerlo más. El negocio va a pérdida.

Se disuelve.

La relación de amistad termina. No había contratos. Se confió en la palabra del otro. Ambos perdieron. El negocio desapareció. La relación de amistad desapareció. Sacando el tema del dinero, no hubo víctimas fatales por shock eléctrico. Pero si miramos el negocio como un ser vivo, murió. Y lo más importante, si miramos a la relación de amistad como otro ser vivo. También murió.

No hubo aún suficientes “muertes de negocio” para que exista una norma que nos obligue a tomar precauciones en nuestro negocio. No hay “asesores de emprendimiento” matriculados que nos hagan una instalación segura para que nuestro negocio no se electrocute.

Sin embargo, en la otra cara de la moneda está el emprendedor responsable quien se asesora legalmente acerca de su negocio, que en vez de acordar de palabra, lo hace mediante contratos por escrito, quien se asegura de fijar un pacto privado de socios donde queden plasmados las expectativas, los derechos y obligaciones con su socio o socios. Este tipo de emprendedor, “el precavido” es el que emite facturas, quien lleva la documentación de todo su negocio, es además, quien se preocupa por constituir una sociedad con todas las de la ley. Si es cierto que para un respaldo legal en todos los aspectos del negocio se necesita dedicarle tiempo y dinero, sin embargo es un verdadero ahorro, por que el costo económico de un pleito o juicio es muchísimo mayor.

Rafael Cornejo – Joaquín Contreras

Servicios Jurídicos Cornejo